¿Qué hora es? Las veintidós con 54 minutos, 31 segundos. Increíble como pasa el tiempo. No falta mucho para las once y Micaela no regresó todavía. ¿Cuánto mas tarde piensa volver? No se estos padres ya no son padres. Alberto tendría que estar viendo esto, él pondría las cosas en orden. ¿Castigo o bendición? ¿Qué culpa tiene un pobre viejo como yo de seguir funcionando? Si alguien me escuchara lo que tengo para decir. Años que llevo encima, años en esta cocina, viendo pasar los días. Pero claro, nadie se digna a mirar para acá. El único este Patricio, que igual anda siempre corriendo. Yo no se… antes no era así la gente. ¿Será que estoy viejo ya? Mejor viejo y funcionando que moderno e inservible. Me quieren sacar, me quieren sacar de esta casa… Laura ya viene hablando de eso hace rato. La escuche, yo mismo la escuche: “hay unos que están buenos, podríamos averiguar, un cambio no es tan terrible”. No lo puedo creer, estoy indignado, quieren desecharme ¿Qué soy un estorbo? ¿Acaso no los ayudo todos los días? A ellos qué les importa, no entienden ni saben nada. Ay Albertito como se te extraña últimamente. Ese sillón tuyo sigue ahí, lo miro todos los días y aún me parece verte sentado leyendo. Tranquilidad, paciencia. ¡Eso falta! ¡Qué me castigue el cielo por seguir acá hoy día! Y a mi nadie me va a sacar de donde estoy, no señor. Vi como les cambiaban los pañales a todos estos. Vi como se le caían los dientes de leche, y me quieren venir a sacar ahora. A ver, ya falta poco para las once, bueno a juntar fuerza, vamos viejito demostra que todavía funcionas. Ya casi, unos segunditos. Bueno fuerza, fuerza, fuerza y… ¡¡las once!! “Tan, tan, tan” Ay, que hermoso sonido que todavía puedo hacer sonar
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